La carta [cuento]
Un sobre había llegado anónimamente esa mañana. La carta, simple, blanca, común; descansaba impacientemente sobre el escritorio lustroso de su habitación, y a pesar de la distancia que separa al aparentemente insignificante trozo de papel y a ella, la destinataria no podía quitarse de la mente ese sobre que sentía que la llamaba desde sus pliegues y desde su interior. Primero había muerto la advertencia como una broma, pero esa sensación de que podía tener algo de verdad estaba alterando sus nervios, ese extraño presentimiento de que tal vez –tal vez, sólo tal vez y nada menos que tal vez- esa predicción tuviera algún asomo de realidad.
Intentó averiguar de quién procedía, pero fue una misión imposible. La carta propiamente dicha estaba escrita en una inconfundible fuente Times New Roman, la fuente tipográfica más común. Si ya de por sí era difícil determinar una procedencia mediante el aspecto de la letra si ésta se hallaba escrita en algo tan universal como es una computadora, si se utilizaba una fuente universal como la de las letras que la llamaban, ésas que bailaban un son de burla frente a sus ojos; la tarea era simple y llanamente imposible, o como mínimo, extremadamente difícil. Prosiguió revisando expresiones, errores gramaticales u ortográficos, cualquier cosa en el modo de escritura que pudiera darle una pista de la identidad del remitente. Pero no, era un mensaje corto escrito en un lenguaje formal que no utilizaba nadie que ella conociera, por lo que no aportó mucha luz a las sombras de misterio que cubrían la sencilla hoja recortada blanca. Levantó un segundo la mirada y luego de abrir los ojos al comprobar la hora que marcaban las agujas plateadas del reloj, tomó su mochila y salió corriendo hacia la parada del subte que debía tomar.
Jugueteó un rato con el lápiz simulando prestar atención a lo que la anciana pero enérgica profesora de francés gritaba intercalando palabras en español, furiosa ya en la primera hora, pero sus ojos iban de aquí para allá mientras su mente sólo pensaba en la carta. Debido a lo llamativo de su conducta, optó por dejar de observar el aula e intentar despejar su mente dibujando, cosa que inmediatamente hizo; encogiéndose en su asiento para disimular el hecho de que en realidad no estaba escuchando las razones por las cuales ninguno de los informes sobre historia de Francia era correcto. Trazó un par de líneas sin tener del todo claro qué era lo que estaba haciendo. Sin dejar de mover el lápiz sobre la superficie de la hoja de carpeta contempló las trenzas de su compañera, ésa que se sentaba delante de ella, cayendo sobre su espalda. No era algo muy interesante, así que regresó su atención al dibujo. Contempló unos segundos esas líneas que había hecho involuntariamente sin entenderlas del todo, formaban una especie de rectángulo… no, un triángulo… por fin comprendió cuál era la figura sobre el papel, lo que provocó en ella tal impresión que se paró repentinamente tirando el banco al suelo y causando un estruendo terrible.
El silencio se apoderó del aula. La profesora posó sus ojos gélidos sobre los de la alumna, que miraban con sorpresa, horror, y una gran mezcla de emociones su dibujo sin notar los veintiocho pares de ojos que la observaban con reproche algunos, con miedo muchos. Por fin reaccionó, y sin decir una palabra salió corriendo del aula, por los pasillos, subió escaleras, atravesó patios… dejó que sus piernas temblorosas la llevaran lejos, lejos… Lejos de la maldita carta, lejos de la humillación, lejos de las sombras que veía avecinarse como en una pesadilla muy real. Jadeando, entró a una habitación a oscuras. Se apoyó en la pared más cercana intentando calmar su respiración agitada, a la vez que tanteaba por la pintura fría en busca de la llave de luz. La encontró sin demasiada dificultad, subió el interruptor y una explosión de luz cubrió la habitación repentinamente, para luego extinguirse tan rápidamente como había llegado ahogando el lugar en la oscuridad más total y asfixiante. No pasó mucho tiempo para que otra luz rojiza más tenue e intermitente comenzara a iluminar las paredes con un tono cálido, lo que inmediatamente esa persona que se mantenía en pie sólo porque había recargado su peso en la pared interpretó –correctamente- como fuego. Las llamas danzaban recreando la idea que ella tenía del infierno, cosa que realmente le causó gracia, que fue reemplazada por curiosidad y sentido común: tenía que salir de allí, pero antes, ¿qué se estaba incendiando? Sentía una extraña atracción a eso… quería –no, tenía- que saber qué era. Pequeño… inflamable… blanco…
Segundos después, y con un grito aterrorizado, salió de la habitación. Corrió más ligeramente que antes, sin terminar de entender qué había visto, sin comprender del todo por qué corría, de qué huía, qué estaba sucediendo. Atravesó las puertas de la institución frente a la mirada totalmente atónita de montones de docentes, directivos y alumnos, con sólo una idea, un pensamiento, una certeza: ya no creía que la carta fuera mentira. Cerró los ojos conteniendo el miedo, sin dejar de correr… una luz cegadora, un sonido de bocina, gritos…
Un sobre había llegado anónimamente esa mañana. La carta, simple, blanca, común; descansaba impacientemente sobre el escritorio lustroso de su habitación. Entre las palabras en Times New Roman se anunciaba una muerte…
[Denme su opinión ^^U]
Intentó averiguar de quién procedía, pero fue una misión imposible. La carta propiamente dicha estaba escrita en una inconfundible fuente Times New Roman, la fuente tipográfica más común. Si ya de por sí era difícil determinar una procedencia mediante el aspecto de la letra si ésta se hallaba escrita en algo tan universal como es una computadora, si se utilizaba una fuente universal como la de las letras que la llamaban, ésas que bailaban un son de burla frente a sus ojos; la tarea era simple y llanamente imposible, o como mínimo, extremadamente difícil. Prosiguió revisando expresiones, errores gramaticales u ortográficos, cualquier cosa en el modo de escritura que pudiera darle una pista de la identidad del remitente. Pero no, era un mensaje corto escrito en un lenguaje formal que no utilizaba nadie que ella conociera, por lo que no aportó mucha luz a las sombras de misterio que cubrían la sencilla hoja recortada blanca. Levantó un segundo la mirada y luego de abrir los ojos al comprobar la hora que marcaban las agujas plateadas del reloj, tomó su mochila y salió corriendo hacia la parada del subte que debía tomar.
Jugueteó un rato con el lápiz simulando prestar atención a lo que la anciana pero enérgica profesora de francés gritaba intercalando palabras en español, furiosa ya en la primera hora, pero sus ojos iban de aquí para allá mientras su mente sólo pensaba en la carta. Debido a lo llamativo de su conducta, optó por dejar de observar el aula e intentar despejar su mente dibujando, cosa que inmediatamente hizo; encogiéndose en su asiento para disimular el hecho de que en realidad no estaba escuchando las razones por las cuales ninguno de los informes sobre historia de Francia era correcto. Trazó un par de líneas sin tener del todo claro qué era lo que estaba haciendo. Sin dejar de mover el lápiz sobre la superficie de la hoja de carpeta contempló las trenzas de su compañera, ésa que se sentaba delante de ella, cayendo sobre su espalda. No era algo muy interesante, así que regresó su atención al dibujo. Contempló unos segundos esas líneas que había hecho involuntariamente sin entenderlas del todo, formaban una especie de rectángulo… no, un triángulo… por fin comprendió cuál era la figura sobre el papel, lo que provocó en ella tal impresión que se paró repentinamente tirando el banco al suelo y causando un estruendo terrible.
El silencio se apoderó del aula. La profesora posó sus ojos gélidos sobre los de la alumna, que miraban con sorpresa, horror, y una gran mezcla de emociones su dibujo sin notar los veintiocho pares de ojos que la observaban con reproche algunos, con miedo muchos. Por fin reaccionó, y sin decir una palabra salió corriendo del aula, por los pasillos, subió escaleras, atravesó patios… dejó que sus piernas temblorosas la llevaran lejos, lejos… Lejos de la maldita carta, lejos de la humillación, lejos de las sombras que veía avecinarse como en una pesadilla muy real. Jadeando, entró a una habitación a oscuras. Se apoyó en la pared más cercana intentando calmar su respiración agitada, a la vez que tanteaba por la pintura fría en busca de la llave de luz. La encontró sin demasiada dificultad, subió el interruptor y una explosión de luz cubrió la habitación repentinamente, para luego extinguirse tan rápidamente como había llegado ahogando el lugar en la oscuridad más total y asfixiante. No pasó mucho tiempo para que otra luz rojiza más tenue e intermitente comenzara a iluminar las paredes con un tono cálido, lo que inmediatamente esa persona que se mantenía en pie sólo porque había recargado su peso en la pared interpretó –correctamente- como fuego. Las llamas danzaban recreando la idea que ella tenía del infierno, cosa que realmente le causó gracia, que fue reemplazada por curiosidad y sentido común: tenía que salir de allí, pero antes, ¿qué se estaba incendiando? Sentía una extraña atracción a eso… quería –no, tenía- que saber qué era. Pequeño… inflamable… blanco…
Segundos después, y con un grito aterrorizado, salió de la habitación. Corrió más ligeramente que antes, sin terminar de entender qué había visto, sin comprender del todo por qué corría, de qué huía, qué estaba sucediendo. Atravesó las puertas de la institución frente a la mirada totalmente atónita de montones de docentes, directivos y alumnos, con sólo una idea, un pensamiento, una certeza: ya no creía que la carta fuera mentira. Cerró los ojos conteniendo el miedo, sin dejar de correr… una luz cegadora, un sonido de bocina, gritos…
Un sobre había llegado anónimamente esa mañana. La carta, simple, blanca, común; descansaba impacientemente sobre el escritorio lustroso de su habitación. Entre las palabras en Times New Roman se anunciaba una muerte…
[Denme su opinión ^^U]

2 Comments:
At 13 marzo, 2005 17:09,
Archery Museum said…
No estoy seguro, pero una Malena - Magdalena - Miyod, sus obsesioes edu-K-tivas y síndrome de abstinencia, me suena parecido o conocido a otra, que me dejó protectores de pantalla y papeles tapices esparcidos por la mitad de las PC en jornada simple de la escuela antes de pasar al secundario. Será la misma esta que kiere {[(sorry a la R.A.E. por la ortografía)]} tirarle H20 sólido a alguien? - No aclaraste si en cubitos o en un bloque.
Sos vos Malena de la 10/7
= 1,4285714285714285714285714285714
... ???
si es así leí tu blog!!!!!!
(sorry el leave your comment de blogger no tiene corrector ortográfico)
Si querés visitá mi blog, aunque es mucho más convencional en
http://archerymuseum.blogspot.com
Un abrazo.
Guille Bahamonde
At 17 junio, 2005 12:15,
Anónimo said…
Ohhh
eso lo escribiste vos, miyod? ^^
Bueno, si es así, te comento que me gustó mucho!! además, la forma de escribir y lo demás están muuuui buenos!!! ^_^
Yo escribía antes, es más, estoy buscando una idea para escribir una novela... pero bueno, ando con la mente en blanco u_u
En finnn no se si leerás esto jeje
nos vemos mañana en nihongo ninia!!!
Besos
Tati
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